Estas son mis primeras palabras en un blog -qué desvirgue tecnológico más emotivo- y creo, así sobre la marcha, que voy a hacer una serie de monográficos acerca de los efectos de uno de los temas cortina del momento: la ley antitabaco.
Sinceramente, y siendo fumador como soy, es un tema que me importa relativamente poco o poquísimo en relación a otros que van de la preocupación relativa a la extrema preocupación.
Y es que en relación al tema este del tabaco estoy empezando a mosquearme con la pasión que despierta en sus dos vertientes, bajo mi punto de vista igual de exageradas.
Por una parte están los ultras antitabaco, que son una especie formada por exfumadores maljodidos (no quiero decir con esto que alguna vez no caiga en las redes de esta secta) y por econaturoconcienciados (algunos muy consecuentes aunque también ligeramente cargantes). Este grupo ya era activo, pero ahora encuentran el caldo de cultivo perfecto para su cruzada por salvar al mundo de las redes de los fumadores activos. Claro que en muchos casos encontramos ridiculeces en el planteamiento de este subsector derivadas de la propia condición de ser humano: somos incompletos y un poco estúpidos en ocasiones o en muchas ocasiones. Me explico, ¿puede alguien darte la murga con el humo de tu tabaco, incluso al aire libre o en espacios abiertos y tener coche?, coche, todoterreno, camioneta diesel. ¿Puede ser que a mayores tenga calefacción alguno de estos? ¿Es posible que te machaquen a tí y no machaquen a los dueños de empresas contaminantes, Ayuntamientos con flotas anticuadas de autobuses...?.
Por otra parte se ha desatado una euforia antiley, con objetores, insumisos y violentos manifestantes incluidos. ¿A ton de qué?. Comprendo casi todo en esta vida, comprendo que nos fastidie la pérdida de otro espacio de libertad a los que fumamos, comprendo que sea una incomodez y que nos haga pensar que cada vez estamos más restringidos, y comprendo que la hostelería está tocada en un momento duro, pero... hasta aquí hemos llegado. ¿Realmente es una imposición tan terrible la que está provocando que personas que nunca se han manifestado públicamente, que nunca han protestado nada en la calle, estén estos días indignados contra el gobierno, contra los poderes públicos, contra el socialismo...Madre mía, qué rancio es casi todo lo que estamos viendo. Qué desinformada tenemos a la antiguamente llamada clase obrera, esa que durante una época era mayoritaria y así lo sentía, esa que salía a la calle cada poco tiempo para reivindicar espacios, acciones y derechos para todos. Ahora ha aparecido este perfil de personas que solo se manifiestan por una injusticia con su equipo de fútbol o porque no pueden fumar en los bares.
Pero qué cojones está pasando, ¿es que no existen cosas más importantes?. Sinceramente pienso que sí, y me están empezando a cargar estas dos facciones enfrentadas con esta militancia tan comprometida, me parecen los dos igual de reaccionarios. Es un debate ficticio, un tema de conversación que sustituye a la vistoria de la selección de Esppppppppppaña en el Mundial. Ya está bien.
No me parece legítimo que una persona milite y salga a la calle para poder fumar y le afecte más que una serie de hechos que acontecen y que acaban con la esperanza de libertad y de justicia social. Hay muchas cosas que me preocupan más que la ley antitabaco y por las que muchos y muchas podrían y deberían hablar, manifestarse y luchar hasta la extenuación.
Me preocupa mucho más la reforma laboral, y la de las pensiones, me preocupa que los jóvenes no puedan trabajar y no tengan futuro, me preocupa la privatización descarada de la sanidad y la educación. Y me preocupa muchísimo que Camps esté en la calle y Otegi esté encarcelado por un delito de opinión y asociación. Y me preocupa que todo esto esté pasando con un gobierno teóricamente socialdemócrata en el poder
Qué pinta de chungo tiene el manifestante del siglo XXI...
http://www.youtube.com/watch?v=Q32Dpclixfg

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